No es cosa de juego.

El cuidado de un menor no es cosa de juego

Reflexiono en el “cuidado” de niñas, niños y adolescentes, en una sociedad mexicana tan distante de su significado,  el Diccionario  de la Lengua Española lo define: “Como la solicitud y atención de hacer bien algo, como la acción de cuidar, asistir, guardar, conservar.”

Por su parte nuestra Constitución Política, en su artículo cuarto no menciona la palabra cuidado y menciona: “En todas las decisiones y actuaciones del Estado se velará y cumplirá con el principio del interés superior de la niñez, garantizando de manera plena sus derechos. Los niños y las niñas tienen derecho a la satisfacción de sus necesidades de alimentación, salud, educación y sano esparcimiento para su desarrollo integral.  Este principio deberá guiar el diseño, ejecución, seguimiento y evaluación de las políticas públicas dirigidas a la niñez”. Continúa, “Los ascendientes tutores y custodios, tienen la obligación de preservar y exigir el cumplimiento de estos derechos y principios”. Desafortunadamente el Interés Superior de la Niñez es un concepto tan amplio que se pierde, obvio abarca el “cuidado”, pero no se especifica, debiéndolo de hacer como los Tratados.

Por otra parte La Convención de  los Derechos del Niño, introduce en su artículo 3. 2, la palabra cuidado: “Los Estados Partes se comprometen a asegurar la protección y el “cuidado” que sean necesarios para su bienestar, teniendo en cuenta los derechos y deberes de sus padres, tutores u otras personas responsables de él ante la ley y, con ese fin, tomarán las medidas legislativas y administrativas adecuadas”. Fuerte y profundo.

Me puedo perder en otras leyes, como nos perdemos en dimes y diretes, y es claro que el “cuidado para con las niñas, niños y adolescentes” es mucho más que un concepto,  implica acciones contundentes y lo más importante “un compromiso serio”. Cuidar de niñas, niñas y adolescentes y no digo únicamente de hijas o hijos, porque en muchos casos hay que incluir a otras personas que están a su cuidado como lo menciona la ley.

Se ve complejo, es complejo y es que “cuidar” niñas, niños y adolescentes, es mucho más que estar al pendiente de ellos y ellas, es verlos crecer, es el compartir el día a día, es tener la capacidad de estar a la altura de sus mundos en cada edad. Cuidar a este sector de la población, es ser consciente de que un solo adulto por más amor que les profese no puede estar al pendiente de ellos por más de 18 horas ininterrumpidas. No es solo procurarles el bien, es no dañarlos.

Olvidamos que para cuidarlos se necesita de “sentido común” del cual carecen no solamente las leyes, sino muchas autoridades y los mismos progenitores. Es tarea de su padre y su madre llegar a acuerdos que los privilegien por encima de sus intereses particulares y sus diferencias. La tarea de los Tribunales Familiares debiera ser únicamente dar forma jurídica a los acuerdos previos entre padre y madre. Decía Gandhi: “los niños son de todos, todos debemos cuidarlos». En suma cuidar de niñas, niños y adolescentes no es cosa de juego.

Como sociedad podríamos ser más enérgicos en el cuidado de las niñas, niños y adolescentes porque mientras los adultos están concentrados en sus asuntos ¿Quien vela de manera seria a los niños y mide los riesgos a los que están expuestos?

Mtrate. Rocío Medrano

Abogada.